21 abr. 2009

La Masia de Salvador Fresneda

















Las memorias de niñez del fotógrafo de moda Salvador Fresneda están atadas a esta antigua masía del siglo XVIII en el Amprudán. Era de su familia, y, cuando quedó deshabitada, la magia envolvió el lugar y "las excursiones a la casa abandonada eran un clásico de los veranos", dice. Tras décadas oculta en polvo y telarañas, la rescató del olvido y realizó una rehabilitación profunda.

El propio fotógrafo diseñó la distribución basada en conectar el exterior con el interior: "Se abrió al paisaje mediante amplios ventanales de hierro y a través de medianas aberturas de luz en las estancias más pequeñas. Ya han pasado unos once años, la edad de mi hija -continúa-. La obra se realizó a un ritmo tan frenético que casi me pierdo el parto", bromea.

Dominada por la madera, el blanco y los muebles decapados, esta casa está siempre en transformación, y es que su dueño es un torrente de ideas y todo habilidad. Todo rodeado por un bosque que invita a aventuras en su interior, con la misma fantasía infantil con la que jugaba Salvador de niño en la vieja masía abandonada

Por María Victoria Aroca
Fotos: Pere Peris
Artículo completo en el número 34 del mes de abril de 2009 de la revista AD.

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